ELLA NO TUVO LA CULPA: El día que la vida de Karla cambió para siempre

ELLA NO TUVO LA CULPA: El día que la vida de Karla cambió para siempre

Karla tiene 46 años y una vida construida sobre la base de la responsabilidad. Es la mujer que llega temprano al trabajo, la que respeta los altos, la que cuida los detalles. Su mañana comenzó como cualquier otra: el café, el tráfico habitual de Monterrey y la ruta de siempre por Avenida Paseo de los Leones.

Pero hoy, el destino no le pidió permiso para convertirla en protagonista de una pesadilla.

Mientras conducía su Honda, Karla no sabía que a pocos metros una joven de 24 años, Hortensia, libraba una batalla interna que la policía intentaba contener sin éxito. En un segundo, la normalidad se fragmentó. El estruendo del metal contra el cuerpo, el cristal del parabrisas cediendo y la imagen de una vida proyectada por el aire.

Para Karla, el golpe no terminó en el asfalto. El golpe apenas comenzaba a hundirse en su memoria.

Aunque los peritajes señalen la crisis de salud mental de la joven como el origen, para Karla, el resto de su vida ya tiene una cicatriz invisible:

La celda del Ministerio Público: De ciudadana ejemplar a detenida en un parpadeo. Mientras espera que las investigaciones avancen, Karla enfrenta la frialdad de un proceso legal que no distingue entre dolo y tragedia.

El eco del impacto: A partir de hoy, cada vez que Karla cierre los ojos, escuchará el sonido de ese golpe. El silencio de su casa se llenará con el recuerdo del momento en que su auto se convirtió en un arma involuntaria.

El miedo al volante: ¿Cómo volver a encender un motor sin sentir pánico? Para ella, manejar ya no será un acto cotidiano, sino un recordatorio constante de la fragilidad humana. Cada persona en la banqueta será, de ahora en adelante, una 4m3n4za de tragedia repetida.

Hortensia luchaba por su vida en el hospital, pero Karla ya ha perdido una parte fundamental de la suya: la paz. Mañana, el tráfico en Leones volverá a fluir, pero Karla seguirá atrapada en esos segundos de la mañana de hoy. Llevará consigo la carga de haber sido el instrumento de un dolor que no le pertenecía, pero que ahora la acompañará en cada kilómetro que recorra, en cada trámite legal y en cada noche de insomnio.

La conciencia debe ser doble: por quien sufre en silencio su salud mental, y por quien, por azares del destino, termina cargando con las consecuencias de un mundo que no sabe cómo contener a los que sufren.

FUENTE: REDES SOCIALES

Redacción